
Enero de 1992…
El Real Decreto 13/1992 de 17 de enero aprueba el Reglamento General de Circulación por el que se desarrolla el texto articulado de la Ley de Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial de 1990, imponiendo la obligatoriedad del uso de los cinturones de seguridad traseros –tanto en circulación urbana como en interurbana– en todos los vehículos que dispongan de ellos. Gracias a las campañas de concienciación y también, por qué no decirlo, a las multas, se ha logrado que 30 años después este elemento de seguridad nos parezca indispensable a todos. De hecho, a día de hoy todo el mundo reconoce que es el dispositivo del coche que más vidas ha salvado desde su implantación.
Ninguna excusa justifica no usar el cinturón y, aún así, hay quien todavía se empeña en no colocárselo en las plazas traseras por creencias tan descabelladas como que hay personas que han salvado la vida en siniestros al salir despedidos del vehículo (salir despedido del vehículo por no usar el cinturón multiplica por 300 la posibilidad de muerte y por 1.300 el riesgo de lesión medular) o porque ya existen otros muchos sistemas de seguridad en el coche (cuando ninguna de las nuevas tecnologías sustituye al cinturón).
Prueba de que la utilización del cinturón de seguridad en los asientos traseros es muy importante es que, en caso de sufrir una colisión frontal a 80 km/h sin llevar correctamente este dispositivo de seguridad pasiva, los pasajeros de atrás son proyectados contra los de delante con una fuerza equivalente al golpe de una bola de 1.200 kg. a 10 km/h. Esto significa que podrían lesionar gravemente a los ocupantes delanteros e, incluso, llegar a provocarles la muerte.
Maite Cañamares
Y pese a que es el elemento de seguridad que más vidas ha salvado, aún hay quien se resiste a ponérselo. 140 ocupantes de turismos y furgonetas fallecieron en 2021 porque no llevaban el cinturón puesto en el momento del siniestro.