
Cierto es que las mujeres van teniendo el protagonismo que se merecen. Llenan universidades y compiten con los hombres en las áreas de la sociedad, en los puestos de trabajo de cierta jerarquía, en las investigaciones científicas y medicina, incluso en cargos políticos. Pero no siempre fue así…
Hubo un tiempo pasado donde las mujeres no podían votar. Las mujeres no podían evitar ser forzadas a tener relaciones sexuales porque la violación se definía como relaciones forzadas con alguien que no fuera la esposa. El divorcio estaba considerado como un escándalo. Si una mujer estaba casada no podía trabajar fuera del hogar. Incluso la forma de vestir tenía consecuencias para ellas. El uso de pantalones en el sexo femenino se veía como un signo de masculinidad y rebeldía que no encajaba con el modelo de mujer que la sociedad de la época había marcado. Impensable para ellas sacar carnet de conducir, administrar su propio dinero, planificar embarazos ya que los anticonceptivos estaban prohibidos. No tenían la patria potestad sobre los hijos/as
¿Pero qué está pasando aún en nuestros días…? La desigualdad aún no ha desaparecido.
La discriminación laboral es un hecho. Las mujeres sufren una mayor tasa de desempleo que los hombres, los trabajos más precarios son para ellas, y la brecha salarial aún es importante entre sexos. Hay mayor número de analfabetismo entre mujeres y niñas. Los hombres colaboran en un bajo porcentaje en las tareas domésticas, cuidado de hijos. La violencia grave en los hogares la sufren mayoritariamente las mujeres y los niños. Al volante, los mayores insultos van dirigido a mujeres conductoras. Se siguen practicando la ablación a millones de niñas. El feminismo NO mata, el machismo SÍ.
Tenemos que seguir luchando para que ese 8 de marzo Día de la Mujer sea como el Día de la Igualdad.

Tatiana
¡Así se dice Loli! Siempre a pie del cañón