
¡Gracias por el relato! Arturo Fernández (SEDE)
QUIERO SER COMO TÚ
«Tengo tres hijos. Todos ellos educados en la más absoluta libertad, tal y como a mí me han educado. Libertad de elegir, de pensar y de decidir. Creo firmemente que es una buena manera de madurar y de tener una mente abierta a la sociedad, aceptando a todas las personas por lo que son y no por lo que parecen.
No siempre el entorno te acompaña. La televisión, la familia, los amigos, los videojuegos y doscientas influencias más hacen alterar tu comportamiento, tus gustos o tus ideas. Todos queremos ser uno más, no destacar, y a veces nos sumamos a ese río turbulento de lo que está bien o está mal, lo que es de niños y lo que es de niñas.
Mi hijo pequeño (cuando lo era, hace ya unos cuantos años…), ha tenido siempre las cosas claras. Supongo que si no hubiera luchado contra el entorno, lo que ocurrió cuando apenas tenía cuatro años hubiera tenido un desenlace muy diferente.
Somos una familia muy numerosa, con gran cantidad de primas y primos. En navidades a las primas les regalaban cocinitas, tablas de planchar y muñecas. A los niños coches teledirigidos, balones de fútbol y espadas. Ese año, dentro de los regalos de sus primas había un cochecito de bebé con su correspondiente muñeca dentro. A mi hijo se le iluminaron los ojos y se apropió de él como si fuera su propio regalo. No paraba de andar por toda la casa, de sacar y meter la muñeca, de taparla y de hablar con ella en su lenguaje de trapo.
Mi suegra al principio el gesto le pareció muy “mono”, pero al ver la pasión con la que el niño aceptaba el regalo de una de sus primas se impacientó y sin pedir permiso a nadie aprovechaba cada momento para quitárselo de las manos, alegando que “eso eran cosas de niñas” y le entregaba un balón de uno de esos equipos famosos de la ciudad. Las primeras veces no le di ninguna importancia, cosas de mayor pensé, pero según pasaba el tiempo y mi suegra no cejaba en su empeño, decidí que mi hijo tendría en cuanto pudiera su primer carro con muñeca.
Al día siguiente se lo entregué. Sonrió mientras se le iluminaban los ojos de la misma manera que el día anterior. Montó a su muñeco dentro y me dijo: “¿nos vamos al parque?” Hasta ese momento no me di cuenta de lo orgulloso que estaba de poder imitar a su padre, de repetir mis movimientos cuando tantas veces le montaba en su carrito para ir al parque, de tener un padre que hacia “cosas de madre”.
Para él no existían cosas de niñas o de niños, simplemente quería ser como yo».
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becario.rrhh
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Ana Flecha
Muy buen relato!
Angel Manuel
5
jaga28
4.5
1000654
5
director067
3.5
Comunicación Corporativa
Bravo. Me gusta mucho
CTM
5