
Esta es la historia de Ella. Todos la conocéis, de hecho, más de lo que creéis.
Al principio de su vida, Ella tuvo que recorrer caminos de larga distancia, con curvas muy pronunciadas y asfaltos peligrosos por culpa de, digamos, acontecimientos externos a Ella. Para ello, utilizó un coche, con ruedas para todo tiempo, cuatro neumáticos para agarrar mejor e ir con cautela ante esas adversidades.
Más tarde, con los años, la distancia fue casi la misma, las curvas seguían siendo pronunciadas, pero la climatología se había calmado un poco, sin embargo, aún había cuestas muy elevadas.
Para ello, Ella utilizó una moto, un buen motor igualmente para no detener su ritmo pero ahora al menos podía notar levemente el viento y sentirse más libre.
Pasado un tiempo, dejaron de existir las cuestas, había cada vez menos curvas y el clima se estabilizó por completo, pero aún así la distancia para conseguir lo que quería seguía siendo algo lejana.
Para ello, cambió la moto por una bicicleta eléctrica. Algo más ligera, con un poco de ayuda del motor, pero igualmente libre y con fuerza o autonomía suficiente para continuar, tenía que pedalear, pero cada vez menos.
Al final de sus días, Ella, la vida, por la que pasamos todos, decidió terminar su camino en patinete eléctrico, erguida por el arduo esfuerzo anteriormente realizado, con la mirada al frente y disfrutando del camino poco a poco, ejecutando el simple esfuerzo de plegarlo al terminar su recorrido.
La vida, Ella, siempre siguió con su camino, pese a las adversidades, adaptándose a las circunstancias cuales fuesen. Por ello, aprendamos del esfuerzo diario de Ella y recordad: Da igual el motor que tengas, lo que llueva o las curvas o cuestas que se presenten, lo importante es adaptarse y por supuesto, siempre seguir avanzando.
Gracias a todas las abuelas, madres, hermanas, novias e hijas por ser nuestro motor.

Tatiana
¡Qué bonito, Pablo! Al final uno no sabe qué curva le va a tocar hacer ni en qué momento del día. Me encanta el mensaje
Sergio Moreno
un gran relato Pablo!