
A la niña que un día fuiste, dale las gracias por el tamaño de sus sueños, por no cansarse jamás de soñar, por confiar en sus propias aspiraciones. Dale mil gracias porque ha sabido manejar los momentos difíciles que llegaron sin avisar y eran aptos para valientes y no para cobardes.
A aquella niña que un día fuiste, aconséjale que vuelva a confiar en la magia de la gente, que aproveche el tiempo para crear recuerdos porque jamás, pero jamás, tendrá un patrimonio más grande que esto.
A esa misma niña dile que los triunfos deben venir de la mano del sacrificio y del talento. Recuérdale que la vida es una carrera, que se tiene que superar a ella misma, que jamás será una competición contra los demás ni a costa de nadie.
Si puedes ponerte delante de la niña que un día fuiste, dale un abrazo y confirma que lo está haciendo muy bien y que tiene que estar tremendamente orgullosa de sus propios méritos.
Jelori
Enhorabuena Alina. Como de costumbre esa sensibilidad especial para transmitir con palabras esa sensacional inspiración.