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«Las amigas», de Mª del Carmen Lodeiro Villasenín

Corría una tarde de primavera soleada (de esos días que sientes que despides al invierno y notas nuevas energías que te llenan de vitalidad con la esperanza de que algo nuevo comienza).

Una terraza, una quedada de amigas de treinta y tantos, café y alguna caña (que ya apetecía). Todas ellas de distintas profesiones, personalidades y aficiones, unidas por una gran amistad desde el colegio.

Loli y María José siempre habían sido muy tranquilas, pero Isa, que ya apuntaba maneras desde el colegio, paraba para dormir. Lo mismo hacía comiditas para las muñecas y las paseaba en sillita, que hacía figuras con escayola que desmoldaba y luego pintaba, o arreglaba los cassettes y los destripaba por dentro. En el cole jugaban a las películas de la época y cada una tenía un personaje (que podía ser de hombre o de mujer), brilé, fútbol, patines, etc, era… muy polivalente y muy traste.

Desde pequeña ya le gustaba que los compañeros la quisieran en el equipo y jamás sintió que la ningunearan por ser una niña, todo lo contrario. Recordando su etapa juvenil, se echaron unas risas a cuenta de Isa recordando aquel partido de futbol en una jornada de hermanamiento con otro instituto y su choque con una contraria que fue… de traca.

Con la segunda ronda, empezaron a comentar sobre sus actividades laborales. Loli era oficial administrativo en Justicia, María José era profesora e Isa había acabado en la rama del motor.

Isa empezó su etapa laboral en el mundo de la electrónica. Todo era técnico, electricidad, iluminación y aquí conoció lo que era el escaparatismo, que la llevó a diplomarse en márketing. Mucho más tarde comenzó en un empresa que combinaba el taller con la venta en tienda de todos los productos para el mantenimiento del coche. Empezó a entusiasmarle el tunning, aprendió todo lo que necesitaba un coche para su mantenimiento, un mundo siempre en movimiento, nada rutinario, realmente le gustaba. Comentaron lo díficil que era este mundillo y el doble trabajo que suponía demostrar a un cliente que sabía de lo que estaba hablando, pero decía que se sentía sumamente feliz cuando nuevas compañeras se incorporaban a la empresa y podía transmitir los conocimientos aprendidos con los años y transmitirles esa pasión por este ramo.

María José, Loli e Isa estaban contentas en su trabajo, todas habían luchado por lo que querían, se sentían libres, realizadas, también madres y su amistad perduraba con el paso de los años.

Comenzaba a refrescar y el sol estaba bajando, era hora de irse, no sin antes organizar la próxima quedada que sería sin duda con cenita y sarao…

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