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10.2 tips para conectar con nuestros clientes

¡¡¡PROACTIVIDAD!!!

 

¡Bendita palabra! ¿Sabíais que este concepto no existe en el Diccionario de la Real Academia? En 2014, en la 23 edición de nuestro Diccionario de la Lengua Española, se introdujo la palabra “proactivo”, como propia de la psicología, para referirse a quién  “toma activamente el control y decide qué hacer en cada momento, anticipándose a los acontecimientos”.

 

Como lo definió en su día el psicólogo Edward de Bono, la actitud o enfoque reactivo es el tipo de comportamiento que solo reacciona cuando algo nos sucede. En el trabajo, ejemplos de actitudes reactivas son: esperar a que nos digan qué hacer y solo entonces actuar; entonar la queja como himno cotidiano; hacerse el ofendidito o la víctima ante cualquier tipo de crítica,… En definitiva, creerse que todo, todito lo que nos pasa, depende de los demás.

 

Por contra, en el extremo opuesto, tendríamos la actitud o enfoque proactivo, en el que el sujeto está deliberadamente preparado para anticiparse a lo que pueda suceder. En este sentido, algunos ejemplos de actitudes proactivas son: tomar la iniciativa sin esperar a que nos lo digan; vivir los cambios en clave de oportunidad y no de queja; conectar y cooperar para poder competir mejor; aprender y desaprender cada día; mantener la humildad… La lista es ¡¡¡larguísima!!! Porque, en el trabajo…

HAY MUCHAS COSAS QUE DEPENDEN DE TI…

…Y de cuya responsabilidad no puedes abdicar.

 

A muchas personas, el pensamiento proactivo les viene prácticamente de cuna por comportamientos aprendidos a lo largo de la infancia, la vida familiar, la experiencia educativa o por el impacto acumulativo de la experiencia profesional. ¿Qué significa esto en la práctica? Que la proactividad se puede aprender, entrenar y ejercitar hasta que forma parte de nuestra propia naturaleza. ¿Y cómo? Para empezar, poniendo en práctica esta dos sencillas reglas:

 

  1. Olvídate de juicios, prejuicios, de juzgar si no quieres ser juzgado, y de esa tendencia tan humana de clasificarlo todo en bueno, malo, mejor o peor.

 

El día que nos lo empezamos a creer, es el día en que empezamos a caer. El exceso de ego es el peor enemigo de las personas reactivas: las conversaciones se tornan en pulsos para ver quién lleva la razón; solo se aprecian los halagos y el resto de comentarios se asimilan a críticas…

 

En el plano opuesto, las personas proactivas trabajan y dirigen acompañando, intercambian puntos de vista diferentes con el objetivo del enriquecimiento mutuo, cooperan y se complementan con el resto, huyendo de resaltar las diferencias. En definitiva, ponen el foco en ENCONTRAR EL PUNTO DE CONEXIÓN con lo distinto, lo inesperado o lo diverso, en un intercambio inteligente que convierte las diferencias en aprendizaje y mayor capacidad para hacer.

 

  1. Practica la comunicación asertiva en el trabajo y en la vida.

 

Yo soy así”…

              “Esto se ha hecho así siempre…”

                            “Tengo que hacer eso…”

                                          “No lo he hecho nunca, no sé…

                                                     “Debería…”

                                                               “Intento…”

                                                                            “Si esto…” “Si aquello…” “Si…

¡¡¡UFFF!!! (Qué ganas de que se acabara la jornada laboral)

 

“Por supuesto, me adapto…”

            “Examinemos nuestras alternativas para ver cómo lo hacemos…”

                        “Vamos a hacer eso…”

                                  “Me encanta cooperar y aprender a hacer cosas nuevas…”

                                               “Debo…”

                                                         “Lo hago…”

                                                                        “Sí, yo quiero…”  “Sí, yo puedo”

¡¡GUAY!!! (Qué felicidad, lo que ha aprendido, y el día se me ha pasado volando)

 

Para terminar por hoy, recuerda que proactividad no significa solo tomar la iniciativa. En propiedad, implica hacerlo siempre con responsabilidad ante nuestros actos. Y “responsabilidad”  viene, a su vez, de las palabras “responder” y “habilidad”: habilidad para dar la respuesta. Las personas proactivas toman la iniciativa basándose en la responsabilidad porque su conducta es producto de una elección consciente en base a valores cooperativos y de equipo, con los compañeros, pero también con los clientes. Una habilidad que trasciende al SER y que implica ESTAR. ¡SABER ESTAR!

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