
Y de pronto recordé…
Aquel día llegábamos en avión a Madrid (mi primer vuelo)
¿Te acuerdas Celsa? ¡Seguro que sí!
Llevaba volando en mi cabeza una semana antes y estaba eléctrica. No me hacía falta gasolina, llevaba “nitroso” de sobra, ja,ja,ja. Cuando despegamos, me dio un ataque de risa del miedo que llevaba
Nos dirigíamos a un curso de vendedores (de los primeros) en Soto del Real, e íbamos a conocer a una de las últimas incorporaciones en la empresa, M. (obvio el nombre, pero no era consciente de la que le esperaba)
Entró a la sala de formación y sus primeras palabras fueron “no sabía que había cajeras en este curso”. Creo recordar que casi al unísono nos apresuramos a sacarle de su error. “No somos cajeras, somos vendedoras”. ¡Con qué mal pie empezó el pobre y la brasa que le dimos en la comida!… porque aún encima se sentó con nosotras.
En fin, ha llovido mucho.
El primer gran salto en la normalización era saltar de la caja a la tienda y ser aceptada por tus compañeros. Tuve la suerte de dar ese salto porque me gustaba, y me considero muy activa, me gustan los coches, el tunning, las llantas.
Empecé por pedir pantalones, ya que nuestra falda de uniforme era bastante incómoda para subir, bajar, agacharte, y no sentirnos incómodas por esas acciones siendo MUJER. Lo segundo era que nuestros clientes viesen “normal” que una mujer les atendiese técnicamente (vital es la formación), y sacaran de su cabeza el asociar mujer-caja
Hubo frases como: “necesito un chico que me mire las ruedas”, “¿no hay un chico para que me atienda?”, “prefiero que me asesore un chico”… que dieron lugar a pensamientos como “cree que estoy aquí para hacer tortilla, o ganchillo”. Pensamientos que tenías en mente aunque no los expresaras en alto, pero ganas no me faltaban de contestarle a algún señor bien vestido que miraba a las mujeres por encima del hombro y con muchos aires de superioridad, a pesar de no tener ni idea de la medida de las ruedas de su flamante BMW. Y aún así desconfiaban de lo que les decías… porque eras MUJER.
Aquí fue bastante importante el apoyo de nuestros compañeros, los cuales dirigían ellos mismos a los clientes hacia nosotras. Por suerte, no se daban estas situaciones todos los días, aunque dolían cuando pasaban… pero, como todo pasa con el tiempo, el trabajo personal de cada compañera ha dado lugar a otras frases de las que me siento muy orgullosa… “dime tú, eres la profesional”, “¿tú que pondrías?”, “quiero que me atienda ella”, “me fío de lo que tú me digas” y, hasta algún bomboncillo de vez en cuando que nos levanta el ánimo y alegra el paladar. De hecho, siento una gran satisfacción cuando viene un hombre y te reconoce “que no tiene idea del coche”.
También he escuchado otras… “Es que mi mujer no mira para el coche salvo para echar combustible”, a lo cual he respondido algunas veces diciendo “¿pero usted no ve que yo soy también mujer?” Y entrar en un diálogo bastante simpático al respecto.
Alguna otra ha sido al revés. Mujeres admitiendo que no se enteran de nada (que se encargaba siempre su ex) a las cuales también he comentado que “muy mal” que había que desechar esas costumbres “arcaicas.” “Tú al coche, yo a la lavadora” y así multitud de ejemplos, unos cómicos y otros no tanto. Tópicos retrógrados que en una sociedad moderna, no tienen ya cabida.
No he tenido de momento la oportunidad de trabajar con ninguna mecánica, pero sí sé que hemos tenido una en algún centro cercano, y por lo que he escuchado de ella, era una profesional fenomenal que se fue porque quería montar su propio taller.
Hace unos años, en la línea de cajas de los hiper, súper, etc., solo veíamos mujeres y lo teníamos como algo muy “normalizado”, de hecho, cuando empezamos a ver chicos, se hacía extraño, y a día de hoy es algo normal. Y así podríamos seguir poniendo ejemplos, de ramos instaurados como “masculinos” o “femeninos”.
A lo largo de todos estos años (muuchos), he tenido la inmensa suerte de conocer a compañeros y compañeras de toda la geografía ibérica (Betty, Sara, Miguel, Raquel…) gracias a las formaciones y viajes donde hemos aprendido, hemos convivido unos días, reído, bailado, etc. Teníamos un nexo de unión, trabajar en la misma empresa. Siempre fue enriquecedor, y jamás he sentido ningún tipo de discriminación
Trabajar al principio con gente diversa también era algo nuevo, como todo lo que pasa por primera vez. Recibir a una persona con síndrome de Down ¡es una experiencia realmente fantástica! Ellos y ellas están plenamente integrados en el grupo. ¡Es una persona más del equipo! Ya no es raro, ni extraño. Al mismo tiempo que la sociedad evoluciona, nosotros también cambiamos
Corresponde a cada un@ de nosotr@s asumir la normalización de la mujer en cada sector de la sociedad, es un trabajo diario, y a las empresas favorecerlo, potenciando la igualdad en los distintos puestos, salarios, etc., sin distinción de género
Y llegará un día en que no me acordaré..
Habré olvidado aquel curso, donde un compañero comentó que ignoraba que hubiese cajeras en un curso de vendedores.
Mª Carmen Lodeiro Villasenín – OLEIROS (A CORUÑA)
Anónimo
5
belén
Un relato increíble.
charo
Qué bonito Carmen, me he emocionado leyéndolo, cuánto habéis luchado y trabajado en el terreno durante estos años para haceros un hueco. Gracias a vosotras, en nuestro sector de «hombres» se nos empieza a valorar por lo que sabemos y no por si somos hombres o mujeres.
Enhorabuena!!!
Anónimo
4.5
Sergio Moreno
5
manuel
Un relato muy bonito Carmen
cristina
Me encanta Carmen
OSCAR
MUY BONITO RELATO
iVAN
MARAVILLOSO
Olalla
Que precioso Carmen, en mi opinión las mujeres somos igual de validas que un hombre y sabemos desempeñar muy bien nuestro trabajo y no hay trabajos que sean específicos solo de hombres, ojalá y poco a poco se empiece a ver el valor que merecemos
Enhorabuena Carmen ❤️❤️
Laura
Me encanta!! Muy realista y emotivo!
Santi
¡Muy bonito, Carmen! ¡Enhorabuena!