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«Los artesanos del motor: un oficio que se aprende, se enseña y evoluciona», por Dolores Galán

Este fin de semana he tenido la suerte de vivir una experiencia muy especial en Úbeda (Jaén): participar en un taller de alfarería con los Góngora, una familia que lleva seis generaciones dedicada a este oficio.

Verlos trabajar y descubrir cómo el conocimiento ha ido pasando de bisabuelos a abuelos, de padres a hijos y así, hasta llegar a los más pequeños, me hizo pensar en todo lo que encierra un oficio. Porque detrás de esas manos capaces de transformar el barro hay mucho más que técnica: paciencia, experiencia, precisión, esfuerzo, orgullo por el trabajo bien hecho y voluntad de enseñar a quien viene detrás.

La mayoría de los conocimientos se estudian, pero también se adquieren mirando, practicando, equivocándose, volviendo a intentarlo y, sobre todo, trabajando junto a quien lleva años ejerciendo una profesión. Seguramente por eso, mientras observaba el torno y las manos del alfarero dando forma al barro, pensé inevitablemente en nuestros centros Feu Vert.

Son profesiones muy diferentes, no cabe duda. Compañeros y compañeras trabajan hoy con electrónica, equipos de diagnosis, vehículos cada vez más complejos y una formación continua imprescindible. Pero comparten algo esencial: el valor de saber hacer bien un trabajo y de transmitir ese conocimiento a quien viene detrás.

El automóvil ha cambiado enormemente y los talleres mecánicos también. Pero la tecnología no ha hecho desaparecer el oficio, en todo caso lo ha transformado y hecho cada vez más técnico y exigente. Hoy, detrás de una intervención, hay formación, procedimientos, tecnología, precisión y responsabilidad. Y hay también algo que ningún equipo de diagnosis puede proporcionar por sí solo: el criterio profesional para interpretar la información y convertirla en una decisión correcta.

Mientras realizamos nuestro trabajo diario, encontramos tiempo para compartir nuestro conocimiento. Explicamos un procedimiento, corregimos un error, compartimos nuestros años de experiencia y ayudamos a quienes hoy empiezan a convertirse en mejores profesionales. Todo este hacer se merece también nuestro reconocimiento porque permite que los oficios no empiecen de cero con cada nueva generación.

Y quienes llegan aportan, a su vez, nuevas competencias, formación y nuevas maneras de enfrentarse a una profesión en permanente evolución. Unos enseñan, otros aprenden y entre todos avanzamos.

Por eso la experiencia vivida en el taller de alfarería de Úbeda me hizo detenerme en algo que quizá no tengamos presente tantas veces como deberíamos: todo el conocimiento acumulado que hay detrás de las personas que ejercen un oficio y el valor de quienes lo comparten para que siga creciendo.

Gracias a la familia Góngora por recordármelo. Y gracias a todos los compañeros y compañeras de Feu Vert Ibérica que cada día siguen aprendiendo, enseñando y haciendo evolucionar el suyo.

Seguro que entre nosotros hay muchas más historias.

¿Existe en vuestra familia algún oficio que haya pasado de generación en generación? ¿Conocéis alguno que merezca ser rescatado del olvido? Contádnoslo. Quizá la próxima historia que compartamos en Espacio Feu Vert sea la vuestra.

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