
Vamos a intentar no ser ni sensacionalistas ni alarmistas, pero sí realistas. Aunque a lo largo de junio ya registramos los primeros calores intensos pre-veraniegos, nos sumergimos ahora en la primera ola del calor del verano. Decían que no íbamos a alcanzar el calor extremo que sufrió Canadá y el noroeste de Estados Unidos, donde se batieron récord de temperaturas cercanas a los 50ºC. Y al final parece que sí, que las temperaturas también serán extremas en la Península Ibérica. Es una mala noticia, efectivamente, pero desde PRL (Prevención de Riesgos Laborales) vamos a tomar todas las medidas para que no nos dé un golpe –de calor, por supuesto– producido por lo que se denomina sobrecarga térmica o estrés térmico.
El estrés térmico lo habrás padecido muchas veces porque, en resumen, es el malestar que se siente por la acumulación o pérdida excesiva del calor corporal. Nuestro organismo necesita mantener una temperatura interior constante en torno a los 37ºC y para lograrlo recurre a sus mecanismos de termorregulación que equilibran las pérdidas y ganancias de calor corporal producidos por los cambios de temperatura ambiental o por la actividad realizada.
Si las temperaturas son muy elevadas y las actividades que se realizan, muy intensas, la temperatura del cuerpo aumenta. Entonces unos termo receptores que tenemos repartidos por el cuerpo avisan al cerebro para que se pongan en marcha los mecanismos de termorregulación. Básicamente éstos son tres: aumento del ritmo cardíaco, aumento de la circulación periférica de la sangre y aumento de la sudoración.
Cuando las condiciones son extremas y el cuerpo no puede compensar el calor ganado o perdido aparece el estrés térmico. Es lo que ocurre en las llamadas noches tropicales, esas en las que los termómetros no bajan de los 20º y es prácticamente imposible descansar, porque para entrar en una fase de sueño profundo el cuerpo necesita bajar el pulso, pero no puede hacerlo porque los mecanismos de termorregulación están trabajando para bajar su temperatura.
Estas tórridas noches tropicales producen lo que se denomina estrés térmico prolongado –al impedir que el cuerpo descanse y se recupere del estrés térmico sufrido por el día–. Si a esto le sumamos otras variables que veremos a continuación, corremos un serio riesgo de padecer una sobrecarga térmica, síncope o golpe de calor (nuestros mecanismos de termorregulación se ven superados y dejan de funcionar; nuestra temperatura interna se eleva por encima de 40ºC de forma muy brusca produciéndonos reacciones fisiológicas que pueden ser muy graves e, incluso, mortales).
¿Qué puede producirnos una sobrecarga térmica, síncope o golpe de calor?
Los factores de riesgo asociados al calor extremo son tres:
- Factores climáticos: La exposición directa al sol, las altas temperaturas del verano, las cada vez más frecuentes olas de calor y la escasa ventilación.
- Factores asociados a las tareas: La realización de un trabajo físico intenso, no disponer de agua en el puesto de trabajo, hacer pausas insuficientes, usar ropa que no transpira,…
- Factores individuales: mala aclimatación tras varios días de descanso, mala condición física por llevar un tipo de vida muy sedentario, padecer enfermedades cardiovasculares o respiratorias, tomar determinados medicamentos o abusar del alcohol y/o la cafeína, el peso, la edad y hasta el sexo (las mujeres son más propensas a sufrir golpes de calor).
Cómo protegernos ante una ola de calor
- Bebe agua y líquidos con frecuencia, aunque no sientas sed (aproximadamente un vaso, cada 30 minutos).
- Evita las bebidas con cafeína, alcohol o muy azucaradas, ya que favorecen la deshidratación.
- Permanece el mayor tiempo posible a la sombra, en lugares frescos o climatizados y refréscate cada vez que lo necesites. Evita tomar el sol y hacer cualquier tipo de deporte entre las 12 y las 17 h.
- Usa ropa ligera, holgada y que deje transpirar. No olvides nunca los tres imprescindibles: protector solar, gorra y gafas de sol.
- Haz comidas ligeras que ayuden a reponer las sales perdidas por el sudor (ensaladas, frutas, verduras, zumos, etc…).
- No dejes nunca a ninguna persona, ni permanezcas tú, en un vehículo estacionado y cerrado.
- Mantén tus medicinas en lugar fresco, el calor puede alterar su composición y sus efectos.
¿Qué hacer ante un golpe de calor?
- Coloca al compañero/a en la zona más fresca del lugar de trabajo.
- Quítale la ropa y refréscale con agua o con toallas húmedas. El agua debe de estar fría, pero nunca por debajo de los 15ºC.
- Si nuestro compañero/a está consciente, le daremos agua para beber. Si está inconsciente, lo recostaremos de lado.
- Llama urgentemente a los teléfonos de emergencias 112 o 061. Una persona que sufre un golpe de calor necesita atención médica inmediata.