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Julio Pastor, director de Valladolid (01): “La confianza en Feu Vert era tal, que daba igual donde me mandaran. Yo iba de cabeza”

Que Julio Pastor se ha pasado más de media vida en Feu Vert no es ni un decir, ni una exageración. El director del centro 001 en Valladolid lleva 30 años con nosotros –desde que cumplió los 26–, y es el compañero con más antigüedad de la empresa… “Bueno, en realidad me gana por unos días Javier Asturga, que es mecánico en el otro centro de Valladolid”, matiza Julio. Ok, rectificamos: …y es el segundo empleado con más antigüedad de Feu Vert. Una experiencia que le colocó en primera línea de lo que fue la entrada de Feu Vert Ibérica en España y que, con motivo del 30 Aniversario, merece la pena ser contada a través su mirada, dado su enorme carisma.

Retrocedemos, por tanto, a 1991. Julio trabajaba por aquel entonces en un taller de personalización de automóviles, ganaba sus buenas pesetas y ya hacía planes de futuro con su novia, empleada en una fábrica de electrodomésticos. Su vida estaba felizmente encarrilada hacia un futuro tranquilo en Valladolid, gracias al cual pronto podría formar su propia familia. Cuando, de pronto, un amigo contacta con él y le habla de un proyecto novedoso de taller mecánico nunca visto en España que combina tienda y taller. Y Julio no se lo piensa. Pide la cuenta en su trabajo y se viene a trabajar a Feu Vert.

“La apertura del primer centro en Valladolid fue excelente, además de muy divertida. En mes y medio hicimos el primer millón de pesetas en facturación y lo celebramos a lo grande, champán incluido”.

Pregunta:  A tu novia tuvo que darle un síncope. Dejar un empleo seguro por una empresa francesa, sin trayectoria aún en España. Con las obras de construcción del primer centro en Valladolid sin terminar, ¿cómo fueron aquellas semanas previas a la apertura del primer centro?

Respuesta: De vértigo. Recuerdo que hubo un pequeño problema y la obra se retrasó un par de semanas. Como yo ya estaba contratado, mis primeros 15 días de trabajo en Feu Vert consistieron básicamente en meter prisa y achuchar a los albañiles para que acabaran. En casa, para qué nos vamos a engañar, la situación se vivió con cierta incertidumbre. Pero yo estaba decidido a probar porque el proyecto me gustaba mucho. En la península no había entonces nada parecido. Lo de tener una tienda de repuestos y el taller al lado para montarlos al instante no existía ni en España, cuanto menos en Valladolid. Además, Feu Vert ya era una señora empresa en Francia. ¡Había que probar!

Pregunta: Probaste y es evidente que la “aventura” salió bien. De hecho, desde el mismo día de la apertura, en Valladolid se valoró y destacó muchísimo el concepto de mantenimiento rápido que, en los años noventa, no se concebía como posibilidad en un taller tradicional. La familia, por tanto, se relajaría un poco, ¿no?

Respuesta: Sí, Feu Vert caló muy bien en Valladolid. A la gente le entusiasmó el concepto. De hecho, al abrir éramos 6 en el taller y rápidamente hubo que reforzar el equipo. Esa fue otra de las grandes anécdotas de la llegada de Feu Vert a España. En León ya se había contratado otro equipo completo de cara a la inauguración del segundo centro. Pero también hubo problemas, esta vez no con los albañiles, sino administrativos, de permisos, por lo que los compañeros de León tuvieron que venirse a Valladolid durante ese tiempo de retraso y durante mes y medio estuvimos trabajando codo a codo los dos equipos, Valladolid y León, en el mismo centro.

En ese tiempo hicimos nuestro primer millón de pesetas de facturación. Y lo celebramos a lo grande, con champán incluido. Fue una apertura excelente, además de muy divertida. Y que abrió una etapa muy ilusionante a nivel profesional, porque la empresa vio algo en mí que les gustó y enseguida me hicieron jefe de taller y gerente en formación. Las aperturas fueron constantes a partir de 1992, por lo que desde Valladolid salté a Zaragoza, de allí a Torrelavega, luego a País Vasco, Zaragoza de nuevo y, por último, a Burgos. Cuatro destinos en apenas cinco años hasta que regresé a Valladolid.

Pregunta: A partir de 1992, Feu Vert empieza una expansión muy rápida por España, las aperturas son constantes. Pero en 5 años, 5 destinos con sus correspondientes 5 cambios de residencia, son muchísimos. No creo que llegue a superar esta cifra ni el ejército ni los cuerpos de seguridad del Estado, que son los que más acostumbrados están a la movilidad geográfica. Disculpa la intromisión en tu vida privada, Julio, pero en medio de todo este trajín, ¿dónde se quedó tu novia?

Respuesta: (Jajajaja) A mi lado siempre. Bueno, en realidad, a Zaragoza me fui yo primero. La apertura de Zaragoza fue un zapatazo, ¡salvaje! En toda la historia de Feu Vert es el único centro que dio beneficios en su primer año. Luego vino ya Torrelavega y todo lo demás. Feu Vert crecía muy rápidamente, pero todavía no había suficiente personal que conociera en profundidad nuestros procesos, de ahí la importancia de que los que ya dominábamos la operaciones estuviésemos presentes en el arranque de los centros. Mi labor era formar bien a los equipos y preparar a las personas que pudieran quedarse al frente de los mismos. Terminada la tarea en un centro, pues a por otro. Javier Jauretche, el entonces director general, me llamaba y me decía: “Julio el centro X está un poco descabalado y me gustaría que te fueras allí. Háblalo con tu mujer y mañana ya me contestas que sí”. Y allá nos íbamos los dos, ella y yo. En aquellos días Feu Vert estaba empezando a caminar y las cosas iban muy bien. La empresa transmitía una confianza y unas posibilidades de proyección profesional, que es que daba lo mismo donde te mandaran. Yo iba de cabeza, son años que recuerdo con mucho cariño.

“Los clientes están más concienciados con el mantenimiento del coche. La responsabilidad en materia de seguridad y medio ambiente que hay hoy en día, era imposible soñarla hace 30 años”.

Pregunta: Te emocionas, Julio, y tu sentido sentimiento al recordar aquellos primeros años facilita comprender la trascendencia que tuvo la apertura de Feu Vert en España y la fuerte impronta que ha dejado, tanto en ti, como en otros compañeros y compañeras, que hoy sois nuestros modelos y referentes. Cuéntanos cosas más mundanas: anécdotas, los coches que llenaban el taller en aquellos días, cómo eran los clientes… 

Respuesta: Desde que abrió Feu Vert hasta hoy, el coche icónico ha sido, sin duda, el Golf. En 2021 ha vuelto a ser el coche de segunda mano más vendido, gustaba a los jóvenes de antes y continúa gustando a los de hoy. Teniendo la factoría FASA-Renault en Valladolid, aquí los estrella eran los modelos de esta marca. Y destaco al Renault 21 diésel, con uno de los mejores motores que yo he conocido. En gamas más altas, en los noventa triunfaba el Toyota Supra. Cuando empezó la telefonía móvil instalamos muchos teléfonos en esos coches: Sony Ericsson en maleta, que se atornillaban en el maletero. Los coches han cambiado mucho, muchísimo. Antes todo era mecánica. Había unos coches más fáciles y otros más difíciles, pero al final todo era lo mismo. Ahora, sin embargo, es todo electrónica. En lo básico continúan siendo lo mismo: las ruedas, los frenos,… Pero incluso entre los frenos ya hay piezas electrónicas que hay que meterles la diagnosis para saber por donde abrir. Por eso es tan importante formarse y reciclarse a cada momento.

Con los clientes ha pasado algo similar. Antes todos los conductores eran mecánicos en potencia. Todo el mundo sabía hacer cinco o seis cosas básicas en sus coches, de modo que era muy difícil que nadie se quedase tirado en carretera. Hoy te encuentras con clientes que no saben quitar el freno de mano. El otro día, por ejemplo, atendimos a un cliente al que, supuestamente no le funcionaba el warning. Los intermitentes estaban perfectos y nuestra operación consistió únicamente en enseñarle al cliente donde estaba el botón de activación. Pero por el lado positivo hay que destacar que los clientes están más concienciados con el mantenimiento del coche. La responsabilidad en materia de seguridad y medio ambiente que hay hoy en día, era imposible soñarla hace 30 años.

¿Y anécdotas? Voy a parecer el abuelo cebolletas, tengo tantas… Buenas y malas. Por poner un ejemplo de estas últimas, cuando en Zaragoza se nos cayó un coche de un elevador. Cayó de lado, entre dos plataformas y tuvimos mucha, mucha suerte, porque a nadie nos pasó nada. De las buenas, siempre recuerdo el día que se nos rompió la alineadora, aquellas antiguas que usaban gomitas, y tuve que hacer una alineación de dirección con una cuerda. El cliente era habitual y cuando al cabo del tiempo vino a cambiar los neumáticos, la alineación seguía impecable.

“He vivido más para la empresa que para mi familia y no me arrepiento. Si acaso me apena no haber disfrutado más la infancia de mi hijo, pero hace 30 años los valores en el reparto de las responsabilidades familiares eran muy diferentes. Al final, donde he “criado” más hijos ha sido en Feu Vert”.

Pregunta: Para acabar ya, Julio, no me resisto a preguntarte otra vez por la señora. ¿Está ella tan satisfecha como tú de tu paso por Feu Vert?

Respuesta: (Jajajaja) La verdad es que no se ha quejado demasiado. Y tengo que confesar que soy de los hombres que he vivido más para la empresa que para la familia. Lo he hecho con mucho gusto, porque me gusta mi trabajo. Así que no me arrepiento. Si acaso me apena que no viví la infancia de mi hijo como debiera haberlo hecho y, aunque ahora tengo en casa un hombre maravilloso, pues sí me echo un poco en cara no haber disfrutado tanto de él como debiera. Los valores en el reparto de las responsabilidades familiares eran antes muy diferentes.

 Al final donde he “criado” más hijos ha sido en Feu Vert. No somos una empresa familiar. Pero, a fin de cuentas, no pasamos de 16, 18, 20 personas por centro. Pasas muchas horas al día con los equipos y, aunque la relación sea meramente laboral y como director pongas metas claras y exijas, también empatizas, comprendes y cuidas. En este sentido y como todos somos personas, cada centro es diferente, el reflejo del carácter de cada director se nota en la forma de trabajar. Y aunque no seamos talleres familiares y todos formemos parte de una única gran empresa, las relaciones humanas están siempre a caballo. Para bien y para mal, esa es la magia que distingue y distinguirá siempre a Feu Vert.

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1 comentario

  1. Abrazos, Julio.

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