
Y viendo estas caritas, podríamos asegurar que la infección avanza perfectamente. Porque aprender a cuidar una bicicleta es aprender autonomía, responsabilidad y respeto por las cosas que nos acompañan cada día.
Si hay alguien disfrutando especialmente de esta “infección colectiva”, ese es precisamente Alejandro.
Basta verle explicar cómo funciona una rueda, revisar unos frenos o ayudar a ajustar una bici para entender que hay conocimientos técnicos que también se transmiten con cercanía, paciencia y entusiasmo. Y la respuesta de los niños y niñas lo dice absolutamente todo, ¡las clases de mantenimiento de bicis son prácticamente una fiesta, gracias a nuestro compañero!
Porque hay “vicios” que merece muchísimo la pena transmitir. Y en materia de seguridad vial, quizá uno de los más importantes sea precisamente este: entender desde pequeños que los vehículos que utilizamos para nuestros desplazamientos cotidianos se cuidan, se revisan y se mantienen.
La cultura del cuidado y del mantenimiento empieza mucho antes de conducir un vehículo a motor. Empieza cuando niñas y niños descubren que las ruedas de su bicicleta necesitan presión, que los frenos requieren revisión o que dedicar tiempo al mantenimiento de sus bicis también forma parte de su seguridad.
Por eso actividades como la Biciescuela que desarrollamos en los colegios de Roquetas de Mar (Almería) dejan una huella tan profunda. Porque mientras los escolares aprenden a ajustar una bici o detectar un pequeño problema mecánico, también interiorizan valores que acompañarán toda la vida: la prevención, la autonomía, la atención al detalle y el respeto por lo que utilizamos cada día.
Y ahí es donde iniciativas de educación vial como esta conectan de manera natural con lo que representa Feu Vert Ibérica. El mantenimiento entendido como prevención. La movilidad entendida como responsabilidad. Y el conocimiento técnico entendido como una herramienta útil para la vida cotidiana.
Además, transmitir esta cultura desde la infancia tiene algo especialmente valioso: conecta generaciones, pone en valor el oficio y ayuda a despertar interés por habilidades prácticas que siguen siendo fundamentales en nuestra sociedad.
Porque detrás de cada rueda revisada y de cada pequeño gesto de mantenimiento también se construye una manera de mirar el mundo: la de quienes entienden que las cosas duran más cuando se aprende a cuidarlas.



